Sobre mí

Al habla, La Pelaya

Trabajaba en el mundo de los recursos humanos y tuve mi propia empresa. Aventuras que darían para otro “sobre mí”. 

No me gustaba el sistema y, para qué te voy a engañar, tampoco me gustaba yo. 

En mi mente siempre estuvo la ilusión de ser profesora, formadora o cualquier cosa que se basase en ayudar. 

Bonito propósito para alguien a penas sabía ayudarse a sí misma. Pero, ahí estaba yo. A pesar de todo, con ganas de ayudar.

 Y así fueron pasando los años; trabajando, poniendo tiritas a mi autoestima, enfadándome, ayudando y enfadándome aún más.

Esa era la banda sonora  de mi día a día. 

Tenía muchas habilidades personales y profesionales. Casi tantas como mala uva. Esta última se llevaba por delante a todas mis luces y sólo dejaba sombras.

No me conocía, no me aceptaba, no me respetaba. Imponía, marcaba límites y reaccionaba a la tremenda ante cualquier obstáculo. No era fácil vivir ni en mí ni conmigo. 

Decían que me ponía de tal manera que dejaba bloqueados a los demás. 

Mala uva+don de la palabra=mezcla explosiva. 

No te vayas a pensar que soy un ogro porque no lo soy. Sólo era  una persona que no se conocía, no se aceptaba y no sabía gestionar sus emociones. 

Un día me vi en pleno esplendor. Enfadada, muy enfadada. No me gustó lo que vi…Fue en una grabación.

Podía llevar la razón pero la perdía por la emoción. Me resultó tan desagradable para los demás como injusto para mí.

Decidí dejar de sufrir. Opté por conocerme y trabajarme.

Me formé como coach y me especialicé en inteligencia emocional .Fue un guiño a mi mala uva. Después de todo, gracias a ella, estoy aquí.

En todo este proceso formativo y de autoconocimiento que dura y durará años descubrí muchas cosas. Ahora quiero destacar dos:

Hay quien aún cree que las emociones son cosas que se han puesto de moda, que conviene no tocar, que no se aplican en el ámbito profesional o que son así y no se pueden cambiar. Hay quien cree que no existen…(son los mismos que no creen en los Reyes Magos…cuánto ignorante).

Seguro que ya sabes de qué te hablo. Formadores, profesores o presentadores de algún evento que no saben vivir sin el power point, que les cuesta conectar con la audiencia, que contagian inseguridad y dudas o que la empatía , la escucha activa y la asertividad le suenan a una tipología de plantas.

¿Quién no ha sufrido formaciones y a formadores aburridos, repetitivos y carentes de habilidades interpersonales?

Y de todo este proceso nació La Pelaya. Entrenadora de habilidades en comunicación y gestión emocional aplicables a las formaciones, presentaciones, etc.

Formalmente incorrecta, agradecida a su mala h. por haberla traído hasta aquí, inquieta por aprender y motivada con la idea de ayudar. 

Ya son muchos los años que han pasado desde aquel punto de inflexión. 

Ya son miles las personas con las que he compartido formación y quiero seguir haciéndolo.

Entrenando a los demás, también me entreno yo así que no me puedo quejar.  

Me apasiona, me hace feliz y  dicen que lo hago muy bien.

¿Sabes por qué creo que lo hago muy bien? 

Honestamente, porque creo tener un cachito de todas las debilidades del mundo. Por esto me resulta fácil conectar. Por esto y porque continuamente estoy entrenando mis habilidades. Noto el resultado. Lo notan.

De no hacerlo, mi mala uva me controlaría. 

¿Meter la pata?

Muchas veces. Recuerdo cuando en una presentación me quedé bloqueada. Ni “pa lante, ni pa trás”. Cuando salí del bloqueo metí el acelerador y ni recuerdo lo que dije (quizás mejor).

¿Caídas emocionales?

Unas cuentas. Mi mala uva en más de una ocasión me adelanta por la izquierda y me juega malas pasadas. También la impaciencia tiene su protagonismo.

¿Dificultades para conectar?

Cuando formaba a determinados colectivos o personas que no me caían muy bien el enfado amenazaba con salir, la desconfianza, la irritabilidad...Así no había forma de conectar. Todo cambió cuando aprendí a empatizar.

¿Cuál es la buena noticia? Que todo esto se puede entrenar y mejorar.

Y, ¿Qué sucede cuando entreno a los demás?

Acompañar en todo este proceso es un regalo. 

Ser testigo y cómplice de ese crecimiento no se puede explicar. 

Y aquí estoy. Consiguiendo mi sueño. Mejor dicho, mi objetivo. Sueño fue. 

Tengo la oportunidad de formar y entrenar a profesionales de todo tipo de disciplinas. Personas que consiguen comunicar y conectar emocionalmente de forma natural y que se están convirtiendo en referentes en su sector. Son y generan valor. 

La experiencia me dice que todo el mundo podemos entrenar y mejorar nuestras habilidades emocionales e interpersonales. Yo soy la prueba de ello y mis clientes, también. 

Aviso importante: Muchos profesionales no entrenan estas habilidades por inconsciencia. Has oído bien. Muchos formadores y comunicadores creen que podrán mejorar inflando sus Power Point o sabiendo más. No son conscientes de que sus áreas de mejora son otras. Es más, muchos creen que lo hacen bien 

¿A qué esperas tú?

Un abrazo.

La Pelaya.
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